viernes, 31 de diciembre de 2010

Presentación

Bueno, esta primera entrada es una pequeña presentación sobre el mundo ficticio de Baldar, un mundo que espero aprendan a apreciar y a utilizar para jugar, escribir, dibujar, etc. Como primera medida, DOY LICENCIA A CUALQUIERA PARA ESCRIBIR, DIBUJAR y/o UTILIZAR BALDAR, SIEMPRE Y CUANDO SE PIDA PERMISO AL AUTOR (yo xD). Esto lo hago porque una sola persona no puede construir un mundo.

Ahora, sí, dediquémonos a Baldar:

Baldar es un mundo exuberante y repleto de vida, en el que las distintas naciones humanas conviven con otras civilizaciones, algunas clásicas (elfos, enanos) y otras no tanto (nagas, kûndra). En este mundo, la paz, si bien interrumpida momentáneamente por algún conflicto menor, ha sido característica del mundo... hasta ahora. En estos momentos, un conflicto mundial se avecina y Baldar, quizá, nunca vuelva a ser el mismo.

A partir de ahora, trataré de publicar una entrada por semana... Espero sus comentarios y alientos de ánimos xD

Dew and nanit, Cemotucu

martes, 30 de noviembre de 2010

Historia de Baldar: El Principio


En el principio, había sólo dos cosas en el cosmos atemporal; la primera era el Vacío Inconmensurable y la segunda era el Todo Primigenio. El Todo era un pequeño punto de diversos materiales imbuidos por centelleantes y cambiantes energías. Sin embargo, los elementos de la creación no estaban en su punto todavía y hacia falta que llegaran a la madurez en la que serían lo suficientemente estables para conformar cosas.


En un momento en la historia, olvidado ya, el punto centelleante que era el Todo llegó a un pico crítico y explotó. Pero no fue una explosión cualquiera: las propias barreras del tiempo y del espacio se rasgaron y todo se convulsionó a medida que cientos de cuatrillones de fragmentos de materiales salían disparados violentamente en todas las direcciones. Y a estos les seguían muy de cerca, también violentos, los Cuatro Principios, pues la explosión también los había lanzado con velocidad hacia todas partes y ninguna en concreto.


Ahora bien, pasados varios eones, el naciente universo se enfrió y estabilizó. Ya los fragmentos despedidos en la Gran Explosión habían comenzado a agruparse y conformar pequeños astros. Y junto a la materia, los Cuatro Principios también se condensaron y, lentamente, tomaron una forma corpórea.


Cuatro eran los principios y cuatro eran las encarnaciones. Ese grupo de seres, de un poder sumamente amplio, se llamaron a sí mismos Avatares, los Primeros Nacidos, en su lengua primitiva. Uno de ellos era Luminor, el Vigilante Luminoso, y su dominio recaía en la Luz. Otro era Umbrinos, el Señor Oscuro, que gobernaba sobre la oscuridad. Las otras dos Primeras eran Aemras, la Matriarca de las Almas, y Eatheras, la Patrona de la Magia.


Y así, los Avatares, de naturaleza inherentemente creadora, aunque de diversos criterios, formaron el vasto mundo de Avalar, el Primer Hogar, colisionando los astros diversos y guiando las energías primigenias. Y cuando el primer mundo estuvo erigido, los Primeros descendieron lentamente a su superficie y cada uno erigió su morada.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Historia de Baldar: El Primer Ordenamiento


Cuando los Avatares hubieron convertido Avalar en su hogar, se dividieron las tierras, los mares y los cielos. De esta forma, Avalar cambió enormemente y cuatro grandes regiones fueron formándose con el paso de los milenios.

La primera de todas, Luminarithas, las Planicies Luminosas, era una tierra de día perpetuo, en la que la Luz hacía germinar formas de vida de centellante energía. Aún así, la luz era tan potente que ninguna carne podía permanecer mucho tiempo sin calcinarse.

En el hemisferio opuesto de Avalar y como antípoda de las Planicies Luminosas, se hallaba Umbrithuronis, los Páramos Oscuros. Esa tierra fría y de noche perpetua, en la que las sombras se arremolinaban amenazantes por los territorios desnudos y muertos, criaturas de terror y tinieblas surgieron para poblarlas. Pero, lamentablemente, la noche perpetua era demasiado fría como para que la carne sobreviviera por demasiado tiempo.

En el medio de la Oscuridad y de la Luz, se alzaban unas altas cordilleras recorridas por ríos que cantaban junto a la vida orgánica que se desarrollaba al amparo del balance. De esta forma, Aemirath, los Jardines de las Almas, prosperaron bajo la protección de las Athal Vorel, las Montañas Centelleantes, sumida en un eterno amanecer producido por la Luz que se reflejaba en las laderas adamantinas de las cordilleras.

En tanto, en las alturas de Avalar, en los territorios más allá de las nubes y de la misma atmósfera, se extendía Earindol, las Alturas Mágicas, los territorios trascendentales que rodeaban Avalar y le rociaban con la chispeante energía del la Magia Arcana. Muchos seres arcanos surgieron en el Vacío Inconmensurable por consecuencia de la distorsión que las Estrellas creaban y habitaron en ellas, verdaderas islas flotantes de vasto poder.

Y varios milenios pasaron y la vida surgió al final, en distintas formas, en todas las extensiones del Primer Hogar.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Historia de Baldar: La Gran Discordia y la Primera Guerra Universal

Pasados varios cientos de miles de años, Luminor y Umbrinos comenzaron a tener roces por las cuestiones más triviales, y la paz y el equilibrio que habían permanecido ininterrumpidos desde el principio empezaron a peligrar. En cambio, Aemras y Eatheras mantenían el respeto mutuo por las obras de la otra y por el equilibrio necesario entre sus dos esferas de influencia.


Con el odio haciendo hervir las esencias de Luminarithas y Umbrithuronis, ambas naciones crearon armas, armaduras y máquinas de asedio según sus propias características; y también presas del temor al otro erigieron altas fortalezas: gloriosas y brillantes eran las de la Luz y oscuras y tenebrosas eran las que servían a la Oscuridad. Y a medida que los arsenales se llenaban, nuevos eran construidos y nuevamente eran llenados. Y en ese tiempo, los Jardines de las Almas a veces se oscurecían porque la Luz reducía su candil por el trabajo de las forjas y el miedo se apoderaba de los hijos de la Matriarca, pero siempre la Patrona acudía en ayuda de su hermana y hacía que sus Estrellas brillaran mucho más; sólo en esas ocasiones los Jardines centellaban con un brillo azulado.

Ocurrió así que, un día, los Jardines se vieron de pronto invadidos desde el oeste por una inusual luz y por el este por una monstruosa sombra. Y fue así que de improvisto y sin ningún aviso, los ejércitos de la Luz y de la Oscuridad se lanzaron a la guerra, a la primera guerra de la creación, y quebraron las defensas de la Athal Vorel y las junglas, praderas, bosques y lagos se vieron destruidos ante el gran poder de los contendientes. Casi toda la obra de Aemras se perdió durante esa jornada y sus lamentos por los hijos e hijas que había perdido resonaron en el infinito del Vacío Inconmensurable.

Sufriendo por su hermana, Eatheras convocó a sus legiones arcanas y de los cielos cayeron como rayos, relámpagos y haces de magia que causaban desolación donde caían y detrás de ellos venían los altivos ejércitos de las Estrellas y en verdad de pequeñas estrellas parecían hechos, tal era su gloria y poder. Y con ello, buena parte de los ejércitos fue aniquilado, pero la guerra no había terminado con esa batalla.

Pronto se alzaron clamores desde las antípodas, y hordas luminosas y oscuras cargaron contras las arcanas y los tres ejércitos lucharon fieramente. Y a la Patrona de la Magia se le unió su hermana, la Matriarca de la Almas, que había abandonado el luto y los que la veían ya no veían a la madre misericordiosa de antaño, sino que veían a una mujer guerrera de gran poder que avanzaba hacia la batalla rodeada de fieras con pinchos y colmillos y de plantas espinosas que lanzaban veneno.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Historia de Baldar: El Ocaso del Avalar

Ahora bien, de esta forma, siguió la guerra continuamente por casi mil años. Avalar ya era irreconocible pues el conflicto había dañado profundamente la tierra, los mares y los cielos; tampoco ya se oían voces de cosas hermosas porque la guerra había sido tan prolongada que los hijos de los Avatares ya ni recordaban lo que era la paz. Y así ya ni Luminor ni Umbrinos concebían la victoria sin eliminar a sus tres otros hermanos. Por ello, el que sería el último día de la guerra, el Vigilante Luminoso y el Señor Oscuro dejaron sus ciudadelas principales y marchando con sus últimos ejércitos, avanzaron a la más alta de las Athal Vorel, la llamada Ath Olhimos, la Montaña de los Dioses, y cada uno convocó a sus hermanos a un duelo singular entre los cuatro. He aquí que la Patrona de la Magia descendió desde las Estrellas y la Matriarca de las Almas surgió de la tierra doliente y ambas refulgían de furia y de tristeza: tristeza por el paraíso que había sido perdido, tristeza por las tantas muertes, y tristeza por lo había de ocurrir y era inevitable.


Cuando finalmente los Cuatro estuvieron allí, cara a cara, sobre la cima de la Montaña de los Dioses, los ejércitos que esperaban formados en su base miraron con horror como el cielo y la tierra temblaron.


Y de repente, con un grito de guerra, los cuatro contendientes se lanzaron a la lucha.


Y nuevamente abajo, entre los valles ruinosos que rodeaban la Montaña, los soldados de los cuatro ejércitos gritaban y gemían, pues con cada choque de los Poderes, una montaña se derrumbaba, una Estrella explotaba con violencia, el mismo cielo se rasgaba o miles de soldados morían de una vez de forma misteriosa. Pero lo que pasaba lo fueron deduciendo algunos de los soldados: pues en verdad el duelo de la Montaña era tan peligroso y cansador para los Poderes, que estos estaban drenando poder de las cosas que habían creado en Avalar y estas, al no tener energía en la que sustentarse, dejaban de existir.


Con el correr de los minutos, la crisis ya había llegado a su punto máximo y nadie más existía como un ser en Avalar con la excepción de los Primeros Nacidos, que luchaban ajenos a lo que sucedía en el mundo exterior. Y llegó un momento de la lucha en que los Cuatro se lanzaron al ataque y, cada uno concentrando gran poder y en sus armas, chocaron al mismo tiempo las armas y los poderes que las imbuían y en ese preciso instante Avalar y toda la creación se convulsionaron en una explosión singular y el Todo ordenado por los Poderes dejó de existir.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Historia de Baldar: El Renacimiento

Muchos milenios pasaron y todo el universo entero volvió a estabilizarse y el equilibrio retornó. Lentamente, los propios Principios volvieron a tranquilizarse y nuevamente encarnaron en los Avatares.

Y los avatares despertaron como entumecidos, como atontados. Pues para ellos, que no podían dejar de existir, la gran explosión solo los había degenerado a conciencias de gran energía primigenia.

Ahora bien, los Cuatro estaban allí observando la inmensidad del cosmos y también se sentían tristes y dolidos por las bellas cosas que, estando en paz, habían creado. Y su lamento conjunto se extendió velozmente por el universo y perduró hasta ahora, pues si se escucha muy atentamente, es capaz uno de escuchar su dolor divino.
 Cuando hubieron terminado de lamentarse, los Avatares resolvieron recrear el universo basándose en el paraíso que había sido Avalar pero teniendo dominios más separados para evitar conflictos a futuro. De esta forma, esperanzados y llenos de deseo creador, los Avatares iniciaron un viaje para conocer como era el nuevo cosmos.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Historia de Baldar: El Segundo Ordenamiento



En uno de los extremos del cosmos, Luminor concentró su poder como nunca lo había hecho con anterioridad. Con sus pensamientos, la Luz comenzó a brotar de la nada y un gran torbellino luminoso centelleó en el cosmos hasta ese entonces oscuro. Y del remolino se formaron siete cuerpos de Luz; siete planos formados íntegramente por centelleante y cálida energía; a esos mundos los llamó Ieles, que significa Luceros. Y a esos siete planos los llamó el Vigilante como el Dominio Superior, pero también los Planos Luminosos y el Alto del Alba, pero se lo conoció después como Celestia.


Mientras tanto, en otra región, Umbrinos aborreció la Luz que le quemaba la piel y exhaló en un lugar vacío del cosmos. Y las tinieblas retorcidas que exhaló formaron una tormenta cataclísmica que escupía malignidad y de allí surgieron siete mundos tenebrosos, de infiernos profundos y negros cielos que emitían Oscuridad. Con ellos, la mitad del universo se tornó oscura y el equilibrio se formó. Y fueron llamados Ones, que quiere decir Vorágines. Para el resto el universo, esas regiones fueron llamadas el Dominio Inferior, pero a menudo también los Planos Oscuros y el Abismo del Crepúsculo, aunque fueron denominados como Inferna.


Y he aquí que Aemras se sobrecogió ante la obra de sus hermanos y, por primera vez desde el Renacimiento, temió. Pero sin embargo su ansia de dar vida le borró los miedos y entre los dominios de sus hermanos, la Matriarca juntó gran parte de los materiales de los que Avalar había sido construido y, usando sus poderes vastos, los unió unos con otros, formando siete mundos de roca, aire, fuego y agua. Y esos mundos les dotó de cuerpos menores que les orbitaban; más tarde, esos satélites serían llamados Lunas. Terminado ese trabajo, Aemras trabajó los restos de material y los encendió en fuego llameante; al gigante de fuego lo llamó Sol y lo colocó a una distancia prudencial de los mundos, que se tornaron verdes y vivaces con la centelleante luz y el sobrecogedor calor del primer amanecer. Y el conjunto fue conocido como el Dominio Medio, aunque además los llamaron Planos Materiales, dada su composición, y el Llano del Mediodía, pero casi siempre se le conoció como Mediria.


Lejos, alejada de los dominios de sus hermanos, Eatheras concentró su poder mágico y forjó de nuevo las Estrellas, haciéndolas más brillantes, gloriosas y altivas. Y estas se multiplicaron a lo largo y ancho del cosmos, rodeando como una bóveda esférica a los otros tres dominios. Pero las Estrellas eran recorridas por flujos de magia y estos se extendían como raíces hacia los planos universales; y fue así que muchos viajeros utilizaban estos flujos para trasladarse de un sitio a otro. En fin, los territorios de la Patrona se llamaron Dominio Trascendental, pero también Planos Astrales y Océano de la Eternidad, pero pasarían a la posteridad como Eternia.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Historia de Baldar: La Gran Paz


Cuando ya los territorios y dominios estuvieron ordenados y tranquilos, los Cuatro Avatares crearon formas de vida de acuerdo a su naturaleza.

Luminor dio forma a la Luz y muchas criaturas de brillo abrasador y gloria inimaginable nacieron. Estos se llamaron en conjunto Celestiales y de entre ellos la estirpe de los Ángeles sería elegida por su creador para ser su pueblo predilecto.

Aemras imbuyó con almas a los materiales inertes pero caóticos y con paciencia y determinación, formas de vida orgánica surgieron en los siete planos de Mediria. Fueron bautizados Medirios y de entre ellos eligió Aemras a los poderosos y sabios Ancestrales para ayudarle en sus trabajos.

A la magia encarnó Eatheras y las razas de los Eternos se expandieron por la bóveda de los cielos; y en verdad eran hermosos y terribles a la vez, pues de pequeñas estrellas estaban hechos y su gloria asustaba y maravillaba. Y de entre estas criaturas eligió la avatar a los Etéreos, cuyo manejo de la magia era poderoso y sabio.

En Inferna dio vida Umbrinos a los Infernales: criaturas retorcidas y perversas, vomitadoras de sombras y pesadillas. Y el Señor Oscuro eligió a los Demonios como sus hijos predilectos y les dotó de gran poder, tanto de sombras como de tormentas y relámpagos.

Así fue que transcurrió un largo período, llamado la Gran Paz, en el que los Avatares y sus hijos coexistieron en equilibrio y sabiduría, permitiendo que la vida floreciera y ramificara. Y ese período duró mil veces mil años y tan largo fue que muchos pensaron que el paraíso duraría por siempre y para siempre.

martes, 23 de noviembre de 2010

Historia de Baldar: La Segunda Guerra Universal

Fue durante los tiempos previos al final de la Gran Paz cuando los viejos odios y las naturalezas contrarias comenzaron a calar hondo en las almas de la Luz y de la Oscuridad. Lentamente, semillas que deberían haber sido removidas empezaron a enraizar poco a poco, dispersando sospechas y desconfianzas. He aquí que Luminor y Umbrinos enseñaron a sus hijos las artes de la guerra, que les eran desconocidas, y construyeron armas de gran portento y poder para usar en un futuro conflicto.

En el resto del universo, sin embargo, el equilibrio se mostraba inmaculado y nadie se dio cuenta ni se percató de las acciones que la Luz y las Sombras realizaban a espaldas del resto del cosmos.

Pues llegó el día entonces que se conmemoraba el inicio de la Gran Paz y los festejos y celebraciones empezaron y se diseminaron a lo largo y ancho de la existencia. Pero en el momento cúlmine, un gran tronar se escuchó y los cantos y los bailes terminaron abruptamente. Y esto era porque desde el Alto del Alba avanzó un ejército radiante y mil veces más radiante que el Sol, navegando las aguas mágicas del Océano de la Eternidad en naves de luz pura. E igualmente avanzó desde el Abismo otra flota negra y oscura, cargada con legiones de demonios hambrientos de destrucción. Y fue que ambos frentes se encontraron en el Plano Material de Baldar y todo cambió para siempre en este.

Con furia tronadora, los ejércitos se encontraron en los territorios de ese mundo y los cielos, los mares y las tierras se convulsionaron violentamente con cada choque de armas. Pues a los combatientes no les interesaban ni las flores ni los árboles, ni los peces ni las aves ni ninguna criatura viviente que habitara en Baldar; sus ojos hábidos de batalla sólo estaban fijos en los otros. Entonces la ruina se cernió allí y la vida se marchitó como una hoja en el otoño.

Ante la batalla, Aemras y sus Ancestrales huyeron, llevando con ellos lo que pudieron tomar antes de la destrucción. Y con diligencia se exiliaron en Ioros, donde se asentaron durante el transcurso de la guerra.

Ahora bien, Eatheras reaccionó rápidamente y usó las Estrellas, que en ese tiempo estaban cerca de Baldar, para dañar a los bandos combatientes. Como flechas gigantes, el brillo de los astros cayó sobre Baldar y calcinó y quemó a los ángeles y a los demonios y a las criaturas que luchaban para una u otra facción.

Y fue así que en la Batalla de Baldar fueron aniquilados todos los seres que habitaban ese mundo. Pero la guerra, lejos de terminar, se trasladó al resto del Océano de la Eternidad y por causa de este conflicto muchas cosas hermosas fueron destruidas o se marchitaron en el fragor de la lucha.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Historia de Baldar: El Aislamiento de Mediria y la Reconstrucción de Baldar

Fue durante la Segunda Guerra Universal que Baldar y sus hijos fueron destruidos y por ellos sufrió su madre, Aemras. Y ella y sus hijos mayores, los Ancestrales, lloraron y se lamentaron por lo que habían perdido. Entonces, conmovida por lo que su hermana había debido pagar, Eatheras usó todo su poder y movió las astrales aguas del Océano Eterno. Y fue así que las estrellas se alejaron y se vieron distantes desde ese entonces, y ya nadie externo a Mediria podía ingresar a ella mientras ésta ya no fuera recorrida por las corrientes mágicas.

Enormemente agradecida por el acto de su hermana, Aemras se aprestó a reparar el daño que los invasores habían realizado a los mundos: pues descubrió que no sólo Baldar había sido aniquilado sino que todos los planos materiales habían sufrido, en mayor o en menor medida, los ataques de la Luz y de la Oscuridad.

Y así la Matriarca eligió de entre sus Hijos Mayores a doce. Y esos doce fueron dotados de gran poder sobre muchas cosas y aspectos de los planos materiales. Y esas cosas eran el Fuego y el Agua, la Tierra y el Aire, la Muerte y la Vida, la Flora y la Fauna, el Sol y la Luna, y, finalmente, el Orden y el Caos. Y fue así que la Mesa de los Aspectos fue constituida y su égida se extendió por los siete mundos, que lloraban por los daños que habían sufrido.

Usando sus facultades, los Aspectos, en conjunto con Aemras, re-erigieron las cordilleras y purificaron las atmósferas de los mundos, pero la perfección y la simetría se habían perdido para siempre. Tan sólo el plano de Ión no se vio afectado y fue en las costas de la Isla de la Primavera, Cre’Taur en la lengua ancestral, donde la “Diosa” se asentó con los Aspectos y el resto de la raza de los Ancestrales. Construyendo muralla sobre muralla, palacio sobre palacio, jardín sobre jardín y parque sobre parque, la ciudad ancestral de Fol’Alor, la Torre de la Eternidad, se erigió gloriosa, enraizando sus cimientos de piedra viviente como un árbol colosal. Y nunca hubo ni habrá mayor gloria en Mediria que la cúspide esmeralda de Fol’Alor.

En Baldar, mientras tanto, los Aspectos del Sol, la Luna y la Flora fueron destacados para guiar las reformas del antaño centro del Dominio. Y si bien lucharon contra la ferocidad de un mundo que literalmente había vuelto a empezar, sus esfuerzos no abdicaron por un largo tiempo. Alisando las planicies, llenando los mares, arrancando y plantando islas y continentes, los tres Guardianes (como fueron llamados) buscaron devolver al mundo su gloria, pero, al final, el propio Baldar volvía a desestabilizarse y las reconstrucción volvía a empezar. Fue así que los Guardianes se establecieron en el continente del norte, Bhorenar, el Santuario Secreto, y erigieron montañas de gran portento y elevada pendiente, que, como murallas, separaban el caos y la inercia del exterior de la vida que se desarrollaba apaciblemente en Bhorenar. Pues era verdad que sólo esa región había permanecido estable y muchas formas de vida primitivas habían vuelto a nacer bajo la vigilia de los Guardianes.

Fue así que los Guardianes bendijeron Bhorenar y experimentaron con las criaturas nativas, datándoles de poder y olvidándose del resto del mundo. Y por mucho tiempo hubo silencio de cosas vivientes fuera de la Montañas de la Bruma, las Oro’Cran.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Historia de Baldar: Las Primeras Proto-Razas

Tras varias generaciones, Kha’Le, el Aspecto del Sol, dio forma a los primates Tlok. Estos, de pelaje verdoso, lograron desarrollar una inteligencia lenta pero sumamente reflexiva. Y fue que ante esto que los Guardianes continuaron experimentando con ellos. Para este fin, los establecieron en la región norteña de Bhorenar, llamada la Vega Esmeralda. Los Tlok, sumamente gustosos de este entorno, habitaron las raíces de los altos árboles, que formaban excelentes madrigueras para las crías.

En tanto, en otro extremo del continente, en las sombras del árbol Xizaak, Elkarai, la Aspecto de la Luna, conformó a los Nirai, una raza de insectos pacíficos a los que bautizó Nirai. Su rápida capacidad de deducción hizo que aprendieran rápidamente a utilizar materiales del entorno en su propia defensa y en pos de su supervivencia. Sus caparazones, de un verdoso plateado, les dotaron de la capacidad de obtener energía de la luz de la Luna. Y entonces, bajo la protección escondida de los Guardianes, los Nirai crecieron y se expandieron entre las ramas de Xizaak.

Sin embargo, el Aspecto de la Flora, A’Kelthar, creía que la vida en Baldar debía existir también fuera del paraíso que era Bhorenar y tener así la posibilidad de vivir “la realidad”, no un mero entorno artificial. Fue entonces que, a escondidas de sus hermanos, A’Kelthar concentró enormemente sus poderes en las orillas del Mar de la Calma. En esa región, un tupido bosque brotó del suelo árido, formando un vasto territorio verde rodeado de tierras desoladas. Allí, el Aspecto formó a sus hijos, los Aefir, unos seres delicados y de movimientos rápidos, que poseían gran comunión con los bosques. A estos los desperdigó en la espesura esmeralda y vigiló atentamente su desarrollo. Con esta semilla plantada, una de las razas más importantes del planeta tuvo su existencia a futuro asegurada, y con ella, muchas alegrías y sufrimientos.    

Lejos, en el frío norte de Erion, una raza de gigantes de piel pétrea cubierta de cristales de roca surgió de manera independiente, sin ninguna intervención positiva o negativa de los Aspectos. Los Kun o Titanes, en su lengua primitiva, gozaban de un gran poder físico y tenían en su ser la semilla de una gran inteligencia. Construyeron grandes salones en las cuevas de las frías laderas y erigieron monolitos grabados con rudimentarias herramientas.

Pero, lamentablemente, debieron luchar por su supervivencia contra las bestias insectoides conocidas como Raxir, de gran tamaño y voracidad, que habían surgido más hacia el oeste y ahora se expandían como una plaga. Los Kun y los Raxir batallaron con gran determinación, hasta que los primeros lograron imponer su dominio, expulsando a los invasores y manteniéndolos a raya. Viviendo en una época de paz tras años de conflicto, las tribus Kun se unieron bajo el mando del Señor de la Guerra Kormul y marcharon hacia la montaña más alta de Baldar, Racdrassil. Allí los gigantes se establecieron, tanto desde las alturas nevadas hasta las laderas boscosas y proliferaron en gran medida. La macro-urbe que cubría la montaña fue llamada Tîrok y por muchas generaciones, los Titanes cultivaron una rica cultura basada en el combate honorable y el saber práctico, que expandieron a lo largo de Erion, dejando su marca en los territorios que visitaban.

viernes, 1 de octubre de 2010

Avatares: Aemras, Matriarca de las Almas


Original draw by GENZOMAN

Avatares: Eatheras, Patrona de la Magia


Original draw by GENZOMAN
Photoshop modification by Shadow Knigt

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Geografía de Baldar: Mapa de Baldar

Una imagen del mapa de Baldar.


http://yfrog.com/mubaldardefinitivoj

http://img822.imageshack.us/img822/6016/baldardefinitivo.jpg

martes, 16 de marzo de 2010

Geografía del Universo: El Dominio Superior

Más allá de Baldar y los planos del Dominio Mediano, yace una región celestial de Luz eterna por todos los rincones. Ese territorio es conocido como el Dominio Superior, pero también el Reino Celestial y el Alto del Alba, o, simplemente, Celestia.

La Luz del universo se encuentra en su gran mayoría en el Dominio Superior y desde allí se irradia a otros lugares, como los oscuros mundos del Dominio Inferior o los vivaces mundos medianos.

En Celestia habita Luminor, la Luz Encarnada, junto sus hijos, los Celestiales. Estos, los Hijos de la Luz, habitan en los Siete Planos Luminosos: Ardariel, Geziel, Debel, Chaiel, Aliel, Sapiel y Temperiel. De estos siete mundos, Ardariel, Casa de la Humildad, es la capital y en este planeta se alza gloriosa y áurea la ciudad sagrada de Yavhiel, Casa del Señor.

Si bien Luminor gobierna sobre todos su dominios, después de la Segunda Guerra Universal el Avatar entró en un estado de trance. Dicen los sabios celestiales que el Señor de la Luz entabla desde entonces una batalla mental contra Umbrinor, la Oscuridad Encarnada, y que si por sólo un momento se distrajera, todo lo existente entraría en un caos primigenio que sería seguido de la Tercera Guerra Universal. Para servir de regentes a su creador en el ejercicio del poder, los tres Arcángeles más poderosos dentro los celestiales fueron seleccionados y dotados de poder nunca visto entre seres inferiores a Luminor. Con el clamor de su voz o con el simple deseo, todo en Celestia cambiaba para acomodarse a sus deseos. Estos tres eran: Metharapiel, Sigfriel y Anfitriel, y desde entonces fueron conocidos como los Serafines. Y, un paso abajo en la jerarquía celestial, los Serafines nombraron a los más poderosos de entre los Arcángeles y los nombraron reyes y reinas de los planos celestiales. Así comenzó, entonces, la Edad de la Beatitud entre las gentes de la Luz.