Tras varias generaciones, Kha’Le, el Aspecto del Sol, dio forma a los primates Tlok. Estos, de pelaje verdoso, lograron desarrollar una inteligencia lenta pero sumamente reflexiva. Y fue que ante esto que los Guardianes continuaron experimentando con ellos. Para este fin, los establecieron en la región norteña de Bhorenar, llamada la Vega Esmeralda. Los Tlok, sumamente gustosos de este entorno, habitaron las raíces de los altos árboles, que formaban excelentes madrigueras para las crías.
En tanto, en otro extremo del continente, en las sombras del árbol Xizaak, Elkarai, la Aspecto de la Luna, conformó a los Nirai, una raza de insectos pacíficos a los que bautizó Nirai. Su rápida capacidad de deducción hizo que aprendieran rápidamente a utilizar materiales del entorno en su propia defensa y en pos de su supervivencia. Sus caparazones, de un verdoso plateado, les dotaron de la capacidad de obtener energía de la luz de la Luna. Y entonces, bajo la protección escondida de los Guardianes, los Nirai crecieron y se expandieron entre las ramas de Xizaak.
Sin embargo, el Aspecto de la Flora, A’Kelthar, creía que la vida en Baldar debía existir también fuera del paraíso que era Bhorenar y tener así la posibilidad de vivir “la realidad”, no un mero entorno artificial. Fue entonces que, a escondidas de sus hermanos, A’Kelthar concentró enormemente sus poderes en las orillas del Mar de la Calma. En esa región, un tupido bosque brotó del suelo árido, formando un vasto territorio verde rodeado de tierras desoladas. Allí, el Aspecto formó a sus hijos, los Aefir, unos seres delicados y de movimientos rápidos, que poseían gran comunión con los bosques. A estos los desperdigó en la espesura esmeralda y vigiló atentamente su desarrollo. Con esta semilla plantada, una de las razas más importantes del planeta tuvo su existencia a futuro asegurada, y con ella, muchas alegrías y sufrimientos.
Lejos, en el frío norte de Erion, una raza de gigantes de piel pétrea cubierta de cristales de roca surgió de manera independiente, sin ninguna intervención positiva o negativa de los Aspectos. Los Kun o Titanes, en su lengua primitiva, gozaban de un gran poder físico y tenían en su ser la semilla de una gran inteligencia. Construyeron grandes salones en las cuevas de las frías laderas y erigieron monolitos grabados con rudimentarias herramientas.
Pero, lamentablemente, debieron luchar por su supervivencia contra las bestias insectoides conocidas como Raxir, de gran tamaño y voracidad, que habían surgido más hacia el oeste y ahora se expandían como una plaga. Los Kun y los Raxir batallaron con gran determinación, hasta que los primeros lograron imponer su dominio, expulsando a los invasores y manteniéndolos a raya. Viviendo en una época de paz tras años de conflicto, las tribus Kun se unieron bajo el mando del Señor de la Guerra Kormul y marcharon hacia la montaña más alta de Baldar, Racdrassil. Allí los gigantes se establecieron, tanto desde las alturas nevadas hasta las laderas boscosas y proliferaron en gran medida. La macro-urbe que cubría la montaña fue llamada Tîrok y por muchas generaciones, los Titanes cultivaron una rica cultura basada en el combate honorable y el saber práctico, que expandieron a lo largo de Erion, dejando su marca en los territorios que visitaban.