En uno de los extremos del cosmos, Luminor concentró su poder como nunca lo había hecho con anterioridad. Con sus pensamientos, la Luz comenzó a brotar de la nada y un gran torbellino luminoso centelleó en el cosmos hasta ese entonces oscuro. Y del remolino se formaron siete cuerpos de Luz; siete planos formados íntegramente por centelleante y cálida energía; a esos mundos los llamó Ieles, que significa Luceros. Y a esos siete planos los llamó el Vigilante como el Dominio Superior, pero también los Planos Luminosos y el Alto del Alba, pero se lo conoció después como Celestia.
Mientras tanto, en otra región, Umbrinos aborreció la Luz que le quemaba la piel y exhaló en un lugar vacío del cosmos. Y las tinieblas retorcidas que exhaló formaron una tormenta cataclísmica que escupía malignidad y de allí surgieron siete mundos tenebrosos, de infiernos profundos y negros cielos que emitían Oscuridad. Con ellos, la mitad del universo se tornó oscura y el equilibrio se formó. Y fueron llamados Ones, que quiere decir Vorágines. Para el resto el universo, esas regiones fueron llamadas el Dominio Inferior, pero a menudo también los Planos Oscuros y el Abismo del Crepúsculo, aunque fueron denominados como Inferna.
Y he aquí que Aemras se sobrecogió ante la obra de sus hermanos y, por primera vez desde el Renacimiento, temió. Pero sin embargo su ansia de dar vida le borró los miedos y entre los dominios de sus hermanos, la Matriarca juntó gran parte de los materiales de los que Avalar había sido construido y, usando sus poderes vastos, los unió unos con otros, formando siete mundos de roca, aire, fuego y agua. Y esos mundos les dotó de cuerpos menores que les orbitaban; más tarde, esos satélites serían llamados Lunas. Terminado ese trabajo, Aemras trabajó los restos de material y los encendió en fuego llameante; al gigante de fuego lo llamó Sol y lo colocó a una distancia prudencial de los mundos, que se tornaron verdes y vivaces con la centelleante luz y el sobrecogedor calor del primer amanecer. Y el conjunto fue conocido como el Dominio Medio, aunque además los llamaron Planos Materiales, dada su composición, y el Llano del Mediodía, pero casi siempre se le conoció como Mediria.
Lejos, alejada de los dominios de sus hermanos, Eatheras concentró su poder mágico y forjó de nuevo las Estrellas, haciéndolas más brillantes, gloriosas y altivas. Y estas se multiplicaron a lo largo y ancho del cosmos, rodeando como una bóveda esférica a los otros tres dominios. Pero las Estrellas eran recorridas por flujos de magia y estos se extendían como raíces hacia los planos universales; y fue así que muchos viajeros utilizaban estos flujos para trasladarse de un sitio a otro. En fin, los territorios de la Patrona se llamaron Dominio Trascendental, pero también Planos Astrales y Océano de la Eternidad, pero pasarían a la posteridad como Eternia.

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